La novena edición de nuestra revista nos encuentra ante los 50 años desde la instalación de la más sangrienta y genocida dictadura que atravesara a nuestro querido país. Los genocidios continúan hoy día, tanto a nivel global como local. Las guerras, quirúrgicas y no tanto, se cobran las vidas y las esperanzas de millares de personas, en especial de niños, niñas y sus familias.
Panorama atravesado por un contexto canalla en el que los más altos representantes de muchos países de occidente se reúnen en fiestas organizadas alrededor del abuso e incluso del canibalismo llevado a cabo sobre niños, niñas y adolescentes.
A nivel local, el nuevo formato dictatorial que pone en marcha la masacre se ordena a partir de decisiones parlamentarias que arrasan a los niños y niñas, sus familias y sus futuros. La baja de la edad de punibilidad, la destrucción de derechos humanos tales como el acceso al trabajo, a partir de la denominada reforma laboral, el recorte criminal del sistema de salud, la asistencia a los discapacitados tornada negocio con porcentajes que ya son cantados en las tribunas de las canchas, la entrega de los recursos naturales, elextractivismo que nos dejará sin agua, sostenidos en ensobramientos siempre indignos.
La educación pública herida de muerte y el vaciamiento de las universidades son parte del oscuro panorama de nuestra sociedad. No hay financiamiento posible para las universidades, dirá el régimen imperante. Las apelaciones a la corte serán desestimadas bajo el argumento de culpabilizar a las universidades de dejar al Estado sin poder funcionar en caso de cumplirse la ley de financiamiento.
No queda por fuera la violencia directa puesta en marcha por las fuerzas de seguridad, único sector que recibe un presupuesto varias veces mayor desde 2023, cumpliendo órdenes de disuasión de la protesta social. Los sobrevivientes de los 70, nuestros jubilados, son reprimidos brutalmente cada semana en la plaza que es nuestra. Pero, esa plaza sigue siendo nuestra plaza. Esos jubilados ponen el cuerpo y el alma todas las semanas allí, mientras una gran parte de nuestra población, pelea diariamente en pos de la supervivencia en un “mercado laboral” precarizado y con cada vez menos derechos.
Nuestra plaza y nuestras plazas en todo el país fue y fueron escenario el último 24 de marzo de la presencia de mucho más que miles de personas, recordándonos que los 30 mil con nombres, apellidos, fotos, historia, no murieron en vano. Las redes sociales de manera masiva por una vez no fueron capturadas por trolls y contaron y siguen contando de manera pormenorizada las historias de vida y de muerte de esos 30 mil que hacen a nuestra historia como país. Sabemos que contar la historia es indispensable para la vida considerándola en su dignidad plena. Los cuerpos recuperados en “La Perla” justo en el momento de este aniversario reclaman nombre y lugar en nuestra historia. Memoria, verdad y justicia.
En momentos en que creyeron que estábamos muertos, la plaza demostró que nuestra gente está viva.
Nuestra revista presentifíca ese cruce entre Derechos Humanos y Psicoanálisis tan propio de nuestra Argentina, y lo hace con una serie de artículos y galerías donadas por nuestros autores en que los temas sensibles de la actualidad son alojados en la investigación, la escritura y el arte.
¡Floreciendo producciones es que, desde aquí, constatamos que Florecerán pañuelos!
Siguiendo la huella de Freud, sabemos que la memoria es olvido y es retorno. Que la subjetividad se afinca entre significantes, y que al horror se lo cerca desde la palabra. El recuerdo es recordis, lo que vuelve a pasar por el corazón.
Nuestra revista, lugar de la letra, permite dar consistencia al acto de recordar, in memoriam, de los treinta mil desaparecidos, aquellos despojados de sus nombres y condición humana por la empresa de destrucción de la dictadura, y este acto describe asimismo un movimiento prospectivo, para que nuestras infancias y adolescencias no se encuentren con la actualidad del retorno de los estragos del olvido y el silencio, y haya para ellos y ellas un porvenir.